Amor, celos, amistad, confusiones; eso y muchos más

problemas rodean a Nerea,
la protagonista de la

historia,
pero soñará y tratará de conseguir todo

aquello que se proponga
y afrontará, o por lo menos

intentará afrontar sus problemas, siempre al lado de

sus mejores amigas Blanchee y Pilar.

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FRASE DE LA SEMANA

FRASE DE LA SEMANA

Querido destino: si él no es para mí
¿por qué lo pones en mi camino?


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Capítulo 44

Más tarde, cinco minutos después de haber sonado el timbre y

cuando ya se habían ido todos, excepto yo claro,

entró Juan en mi clase.


- ¿Qué haces todavía en clase?


- Me castigó el de historia, te iba a mandar un mensaje justo

   ahora que el profe salió.


- ¿Y ahora qué has hecho para que te castigue? - me preguntó

   aproximándose hasta donde yo estaba sentada.


- Te odio Juan, mira que eres gafe jaja, pues me castigó porque

   me pilló con el móvil.


- Jajaja ¿Nunca te lo pillan eh?


- Te odio.


- No lo creo.


- Yo tampoco me lo creo, te quiero – le dije dándole un beso.


- Tienes trabajo Nerea, y una hora para hacerlo,

   así que déjate los besitos para otro momento.

   Si tu novio te quiere tendrá que esperar una hora

   en el patio – intervino el profesor, que acababa de entrar en clase.


- Claro que la quiero. Te espero en el patio Nerea.


- Es una hora Juan, ¿qué vas a hacer una hora allí?

   Déjalo ya, hablamos mañana, o esta tarde.


- No importa, te espero. – me respondió sin darme tiempo

   a reprochar, pues salió rápidamente de mi clase.


- Así que a este era al que le mandabas los dos mensajes eh,

  ay Nerea… venga, vete antes de que me arrepienta,

  pero más te vale que no lo vuelvas a hacer.


- ¡Gracias profe! – le respondí recogiendo mis cosas rápidamente.


- Hasta mañana – me dijo con una sonrisa.




Cuando salí me fui con Juan y después de hablar un rato

finalmente le dije que sí quería intentar algo con él.

Pasamos una hora juntos, en un banco, en un parque

abandonado detrás del instituto; desde entonces quedamos

en que ese sería “nuestro sitio”.



Por la tarde, ya en casa, no sabía ni cómo sentirme:

si feliz o más confusa. Estaba más feliz que confusa,

pero ya habían pasado unas horas de haber estado con Juan

y ya volvía a pensar en Roberto…

Pero decidí no rayarme más y vivir la realidad: Juan.




Mientras tanto, en casa de Roberto:



- Eres un hijo de puta Juan, ¿cómo has podido? ¡Me la has robado!


- Lo siento, a mí también me gusta…


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